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| Cristobal trabajando |
| Pazo Vilaxión |
Pero claro, en medio tuvimos que hacer un esfuerzo y comer en el magnifico restaurante Parada das Bestas en el lugar de Pimbre.
Resulta que en Pambre no pudimos entrar por el frenético trabajo que están a hacer y los descubrimientos arqueológicos tan interesantes que se producen en cada capa de tierra que se levanta, dejando al descubierto ya en el patio de entrada tumbas de las que no se tenia constancia.

Atención, hora de comer; estamos cerca de Parada das Bestas por lo que en 10 minutos estamos sentados a la mesa. Para empezar unos croques o berberechos al vapor, unas zamburiñas a la plancha y saquitos de calabacín rellenos de ternera gallega, puerro y pistachos, regados con salsa de naranja y semillas de amapola, delicioso, además aportando algo de verdura, que no se diga.Pasamos al plato principal, Cristobal se inclina por una pierna de cordero al horno y yo un solomillo al punto. Uno el rey del castillo y otro es señor del pazo. Mi compañero de mesa y mantel protesta porque es mucha cantidad pero ni la prueba ofreció. Esto último nos puso en la tesitura de tener que volver otro día pues no puedo quedarme sin catar ese cordero, a la par de un follao de verduras, con el que ya no nos atrevimos, pues no queríamos perdonar el postre; un helado de mencía con frutas del bosque y bica gallega y un helado de nuez con una teja de almendra

El rey y el señor se retiraron plácidamente.


























